El grito. Dibujo, nigella

"...uno, sencillamente, va tirando, y aguanta, con más o menos gracia o pesadumbre, unas veces arrullándose, otras pegando gritos, los enredos con su familia, con su pareja, con sus colegas de oficina, con los recaudadores de contribuciones, con los agentes de seguros, que el destino le eche encima; lo va esquivando, lo va afrontando, lo va sufriendo, como el diablo le dé a entender o como más barato le parezca. Y eso es todo. Y así es la vida.
Por eso ningún mandato ni recomendación moral se les da aquí a los lectores de este sermón. Nada se les va ha decir (¡uf, qué alivio, tú!, ¿verdad?) de lo que tienen que hacer cada uno consigo mismo ni con su pareja respectiva, nada.
Y este regalo negativo, que es el último que por hoy les doy, desearía que sonara claramente.
A nadie se le manda nada: ni que rompa mañana con su pareja, si la tiene, ni que se guarde de meterse en una, ni que funde una comuna de desparejados, ni que se ponga a andar de pino por las aceras.
Ahora, una cosa es ir tirando y aguantar los líos de familias o parejas en que uno ande metido (porque no sabe como salirse, porque teme que el remedio sea peor que la enfermedad), y otra cosa es que uno de ahí deduzca que, puesto que así es, es que su razón de ser tendrá; otra cosa es que caigas en decir "como a mi me pasa, será que así es", y, por el hecho de que tu padezcas una familia, una pareja, una oficina, una persona, te creas obligado a justificar y defender la Familia, la Pareja, la Oficina, la Persona.
Que no se te cuele esa maldita idea, donde todo el veneno de la Moral está concentrado, de que "Hay que ser consecuente con lo que uno piensa" ( o "con lo que uno dice"), como si no se hubiera sentido todavía que uno está hecho de contradicción. Encógete de hombros y no oigas o no dejes que se te pida una "congruencia entre tu vida y tu pensamiento", como si pudiera haber congruencia ninguna entre dos cosas que ni siquiera pertenecen al mismo mundo."
A. G. Calvo. "Contra la Pareja". Ed.: Lucina.